Esta obra le pertenece originalmente a: John Woo
Era un día lluvioso, muy nublado, que incluso no se podía ver nada por la blanca cortina de agua, en todos lados. En el cuartel 17 de la Armada Nacional, se encontraba Enders que tenía el grado de sargento. Tenía una vida sin preocupaciones, era una persona muy seria y asertiva, no le gustaba que lo contradijeran, pues siempre quería tener la razón. Cuando se despertaban todos, él era el primero que se levantaba el primero en vestirse, el primero en tender su cama, el primero en estar formado, en fin, siempre era el primero. Le gustaba que todo siempre estuviera a la perfección, pues desde niño, su padre, que también fue parte de la armada, lo educó y lo adiestró como soldado, pues sus ancestros habían pertenecido a la armada.
Todo marchaba bien, hasta que un día hubo una llamada de emergencia. Llamaron a toda la base militar a una reunión de suma importancia, Enders estaba desorientado, no sabía qué era lo que ocurría. Al llegar a la explanada se sorprendió al ver las 2 hectáreas de concreto, Tapizadas de verde, negro y café. Jamás en su vida había visto a tantos soldados juntos. Empezaron a dar indicaciones por sección, cuando fue el turno de Enders, no sabía si llorar, alegrarse o salir corriendo y esconderse; había un código delta, que significaba que su país estaba en guerra.
Toda la base militar empezó a tener movimiento, guardaban sus cosas, preparaban equipos, se formaban para tomar sus armas, en fin, nunca había visto algo como esto. Enders empezó a guardar sus pertenencias y, una lágrima salió de sus parpados, al ver una foto de su amada esposa. No sabía si la volvería a ver, solo pensaba en lo que podría suceder, tal vez iba a morir, tal vez no o tal vez caería en su combate y no encontrarían su cuerpo. Enders estaba frustrado, al tomar su arma, fría y pesada, se armó de valor y salió corriendo hacia el helicóptero. Cuando estaba en el aire, se tranquilizo un poco, pero se puso el triple de nervioso cuando escuchó la primera detonación de un cañón. En ese instante ordenaron a todos saltar del helicóptero, pues le habían dado he iba a explotar. Todos saltaron y Enders al estar cayendo se quedo como estatua, pues al mirar hasta donde sus ojos alcanzaban todo era rojo de fuego, gris de humo y muchos flashes de los disparos.
Al tocar el suelo, sentía que aun estaba en la aeronave, pues temblaba al igual que el helicóptero. Al escuchar al teniente a cargo decir,”¡al suelo, cúbranse todos!” Enders salió corriendo y se cubrió tras un auto, no podía creer lo que sucedía, se aterrorizaba al ver tanta sangre, tantos soldados gritando “¡Auxilio!”Tanta gente inocente caer al suelo y él, sin poder hacer nada. Él se preguntaba, por qué nos atacan, qué pudimos haber hacho, qué fue tan cruel y los hizo enojar, por qué estoy yo aquí.
Después de unos minutos, todo el pelotón Salió corriendo hacia adelante, Enders solo susurraba “por qué correr hacia delante y no correr a casa”. De pronto salieron tantos soldados enemigos, que Enders creyó que no iban a durar mucho. Todos se cubrían y disparaban, Enders no había gastado ni una sola bala, no podía hacerlo, estaba pasmado y atemorizado de tanto ruido gritos y color rojo de la sangre.
Elaborado por: GABRIEL EDEN FELIX CARDONA
Excelente narrativa, me sorprendiste mucho Edén, una muy buena historia!
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