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Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.
Emily Dickinson (1830-1886) Poetisa estadounidense.

viernes, 29 de abril de 2011

LA VIDA ES BELLA


Los personajes y la historia original le pertenecen: “Roberto Benigni”

Todo comenzó cuando yo tenía cinco años, vivía en Europa con mis padres, Guido y Dora, y con el tío de mi papá.
Éramos una familia feliz, mi papá tenía una librería donde me la pasaba todo el tiempo, a mí me gustaba ir con él, ya que me contaba muchas historias de su infancia.

Un día llegaron unos hombres a la librería y se llevaron a mi papá, me espanté un poco porque mi papá se veía preocupado, pero mi papá me dijo que querían hablar con él porque se había ganado un premio.
Cuando llegó me dijo que era urgente que nos fuéramos para la iglesia que estaba por nuestra casa.
Llegamos a la casa de mi tío muy rápido, mi papá manejo la bicicleta demasiado rápido. Cuando llegamos, mi mamá ya estaba ahí y me ordenó que fuera por mis cosas, porque nos teníamos que ir a toda velocidad.
Le pregunte a mi papá que por qué nos teníamos que ir a la iglesia, él me respondió que porque “los gruñones”, los guardias alemanes, querían que jugáramos a las escondidillas.

Al principio no le creí a mi papá pero después me convenció.
Llegamos a la iglesia, no vi a nadie y me sorprendió, mi tío me dijo que cada familia se tenía que esconder en diferentes lugares.
Pasaron tres días y yo ya estaba cansado y aburrido, le comenté a mi papá que ya me quería ir, él me contestó que si salía nos encontrarían y nos descalificarían.
Le pregunte a mi tío que cuál era el premio, el me respondió que seria un tanque de guerra y un viaje a roma por tres días.

Estaba muy contento por lo que me decían y yo tenía la ilusión de ganar. Pasaron cinco días y ya tenía ganas de salir, mis papás estaban dormidos al igual que mi tío y me salí a escondidas. De repente vi a los gruñones y me espanté, me dio hipo y me escuchó uno de los gruñones, me cargó y me llevó a un ferrocarril. Mi mamá y mi papá se dieron cuenta cuando me estaban llevando, lo único que me dijo mi papá fue: “a cualquier lugar que te lleven escóndete y nunca vallas al cuarto de duchas”. Me prometieron que irían por mí.

Los guardias alemanes me llevaron para el ferrocarril, me subieron y vi muchos niños, me puse muy contento porque iba a tener con quien jugar.
Cuando llegamos, un señor alto y feo nos dijo que nos teníamos que ir a los dormitorios y que no podríamos salir, mientras tanto, mis papás fueron a buscarme, se subieron al último ferrocarril para irme a encontrar.

Al día siguiente nos despertaron muy temprano y nos avisaron que estábamos ahí porque había una guerra, yo les dije que no era cierto, que estábamos allí porque nos habían encontrado, ya que no pusimos muy bien atención a las reglas del juego.

Una joven me agarro muy feo del brazo y me llevo al cuarto de castigos.
Estaba muy triste porque no estaba con mis papás ni con mi tío, se hizo de noche y lo único que me dieron de merienda fue un pan de mantequilla con mermelada.

Me estaba quedando dormido cuando escuché una voz: “Josué, Josué”. Me levante rápido y dije: “¿papá eres tú?”. Me respondió “sí Josué, soy tu papá, escúchame bien, no tienes que dejar que te lleven con ellos y te tienes que portar muy bien, porque ahora pusieron otra regla, te tienes que esconder, pero al mismo tiempo tienes que hacerles caso y nunca tienes que entrar al baño de duchas porque si no te sales del juego”, “papá me dijeron que no era un juego de escondidillas, que estamos aquí porque hay una guerra”. Mi papá se empezó a reír y me mencionó que no era verdad que ellos lo que querían era sacarnos del juego y quitarnos nuestros puntos.

Le pregunté que cuántos puntos llevábamos, él me respondió que 200 y me puse muy contento, le prometí que me iba a portar bien y que me iba a esconder muy bien.

Mi mamá mencionó que me iban a sacar pronto, además de que me quería mucho y que no me preocupara por nada, porque sino ya no iba a ganar puntos.
Pasaron cinco meses y todo seguía igual solo que mis papás ya me habían rescatado de los dormitorios, nos íbamos a escapar pero nos cacharon lo bueno que no nos hicieron nada, gracias la doctor que atendía a todos los que estaban ahí.

Paso un año y, durante ese año, me la pase aburrido.
Al día siguiente, mi papá me preguntó qué porque no estaba feliz, yo le platiqué que porque no había niños con quién jugar, él me dijo que sí, que saliera y viera cuantos niños había.
Salí y vi a ,muchos niños, iba a empezar a jugar cuando una señorita los empezó a meter, mi papá me dijo que fuera con ellos y que no hablara, le hice caso y me fui, me la pase muy bien porque comí mucho y jugué mucho.

Paso una semana y mi papá me contó que llevábamos muchos puntos, estaba muy alegre por eso, también me dijo que agarrara mis cosas porque nos íbamos a ir, yo le pregunte qué por qué, él me respondió que nos teníamos que esconder en otro lugar para que fuera más interesante. Nos fuimos de ahí mi papá, mi mamá mi tío  y yo, llegamos a una casa abandonada, y ahí nos quedamos durante tres días.

Cuando nos íbamos para otro lugar llegaron los gruñones y agarraron a mi papá, el me dijo que no me preocupara y lo llevaron a un callejón.
Vi a mi mamá muy espantada y le pregunté que por que estaba así, ella me dijo que porque tenía un dolor muy fuerte en el estomago, también le pregunté que porque mi papá se estaba tardando, ella no me respondió y quise mejor ir a investiga, cuando llegue al callejón vi que mi papá estaba con unas personas muy blancas. Pregunté que quien eran, él me dijo que eran estadunidenses y que ellos nos iban a dar el premio porque habíamos ganado, me puse muy alegre y vi mi gran premio.

Mi mamá, mi papá y mi tío me felicitaron, ya que fui el único niño valiente que quiso jugar a “las escondidillas”

                                                           FIN


Fan-fic elaborado por: Yarid Ahlai Corona Bustos  

1 comentario:

  1. Una tierna historia, contada desde la perspectiva del niño, me encantó, excelente trabajo Yarid!

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